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Goteras

Se me han vuelto a abrir los grifos de mis ojos. Y lloro sin sentido ni medida, lloro, para mi desconcierto y vergüenza, en cualquier ocasión. Me seco con rabia las lágrimas, levanto orgullosamente mi mentón, y me pongo en marcha, otra vez. Y otra vez están ahí las malditas, empapando mi cara y mi ánimo. Y vuelta a empezar el proceso de secado-orgullo-marcha: es mi particular día de la marmota.
Definitivamente, tengo que ir al fontanero.

(Pongo las dos versiones porque, aunque la letra de la de Mónica Naranjo le va más al espíritu de lo que pretendo, Mina es Mina)


Si yo tuviera el corazón...



...sería más o menos como este. Fisiólogos, patólogos, médicos, biólogos y demás expertos, por favor, absténganse de hacer comentarios y disecciones. Teniendo en cuenta que esas cosas me marean, he hecho lo que he podido.

"Soy el amo de mi destino. Soy el capitán de mi alma"

Pues creo que debería tratar de buscar otro capitán que me sustituya porque no parece que sepa pilotar mi barco muy bien, la verdad: ni siquiera sé dónde tengo que ir, mucho menos cómo hacerlo.
Pero por si me puede servir de inspiración, aquí les (me, en realidad) pongo el poema Invictus, de William Ernest Henley, según la traducción encontrada en Esto va de lentejas, donde también pueden encontrar el original el inglés.

Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen,
por mi alma invicta.

Caído en las garras de la circunstancia,
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.

Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años,
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

La vida, nada más

Una de las cosas que más me intriga de mí misma es ese afán por aferrarme a personas que han sido parte de mi vida y que, de pronto, deciden desaparecer. Y no es que pretenda que las cosas sigan como siempre, porque sé muy bien que todo tiene un final, y que en gran medida he dado pie a que así ocurra. Pero no me resigno a perder totalmente el contacto con quienes han soportado mis quejas y lamentos, me han escuchado con paciencia infinita, me han aconsejado y reñido en ocasiones, han secado mis lágrimas y reído mis risas. Y aunque lo sensato sería simplemente olvidar, me obstino en lo contrario, y de una forma que a veces se podría calificar de humillante sigo buscando asegurarme de que la vida les trata correctamente. Y aunque mi orgullo se resienta cuando intento comunicarme y me ignoran o incluso a veces parezca que me desprecian, encuentro más digno seguir intentando, cada tanto, arañar un minuto de su tiempo. Porque no quiero perderme la oportunidad de volver a ver,por un segundo tan sólo, ese corazón tan extraordinario con cuya visión me honraron una vez.

Detalhes

La noche oscura del alma

Estoy a punto de cumplir 45 años. Tal vez por eso, o tal vez por mis circunstancias actuales, mis fantasmas vuelven a rondarme esta noche. Aunque, por supuesto, a lo largo de mi vida ha habido momentos maravillosos, estos se mezclan entre sí hasta diluirse casi por completo y los que se empeñan en volver hoy,completamente nítidos, son los amargos. Y ha habido tanta muerte a mi alrededor, especialmente durante la época central de esos años, que resulta terrible enumerarlas: a un tío mío lo mataron, dos se suicidaron, un primo, un niño adorable de apenas seis años murió en un estúpido accidente con una ventosa de un juguete,otros se mataron en accidentes de trafico, de trabajo, y otros después de luchar contra enfermedades largas y dolorosísimas, que minan tu resistencia porque no hay nada más frustrante que ver sufrir a alguien sin poder hacer nada... Y, sin consecuencia de muerte, intentos de suicidio que hicieron que perdiera completamente la fe en mí misma por mi ineptitud a la hora de ayudar a esas personas que tanto lo necesitaban. Un ictus que afectó a un tío mío, hombre enérgico donde los hubiera, y que ahora tiene serios problemas para comunicarse. Otra tía lleva muchos años postrada, con un alzeimer que se le desarrolló a los treinta y pocos años. Y amigos, también casi familia, que se fueron cuando todavía tenían toda la vida por delante. Sigue habiendo, además, gente luchando contra enfermedades crueles y constantes. Además he sufrido el dolor de separaciones traumáticas, de peleas familiares, de accidentes con secuelas y sustos, de varios casos de depresiones, de crisis de todo tipo, de la lejanía física de seres queridos, del olvido, traición o desdén de quienes consideraba que siempre estarían a mi lado. He visto apagarse a personas brillantes, que se convirtieron en la sombra de lo que eran. En definitiva, miles de grandes y pequeñas tragedias que se fueron acumulando en mi alma y que se reflejan en el rictus de mi cara y en lo opaco de mis ojos.
Pero sé que amanecerá, y lograré recordar que por cada muerte, cada enfermedad, ha habido un nacimiento y una persona que he visto desarrolarse y convertirse en un ser humano bueno y generoso. He visto nacer ilusiones, matrimonios que perduran y se aman a pesar del tiempo y la rutina. Algunos casi delicuentes terminaron siendo abnegados padres de familia, dedicados por entero a hacer de sus hijos personas de bien que mejoren el mundo que les dejamos. También hay hijos entregados y agradecidos, que se sacrifican para cuidar y acompañar a sus padres en su vejez. He visto reconciliaciones que se creían imposibles, la fidelidad de amigos de toda la vida, y gente alegre, amable y valiente que no se deja vencer por las dificultades. Así que tengo que optar por inclinarme por este lado de la balanza y dejar que la esperanza se instale mí. Porque sé que eso es lo más importante de nuestra vida: la posibilidad de renacer cada día.

Alea jacta est

Dentro de una semana se habrá terminado esta etapa. Para bien o para mal. Después de casi nueve meses casi narcotizada por este casi objetivo, tendré que enfrentarme a una nueva vida, una vez más. No sé cuál será el resultado, pero sea el que sea ya no tendré el escudo protector de la posibilidad, ya habré pasado a otro nivel, con sus dificultades y oportunidades nuevas. Ojalá pudiera decir que seré más sabia y mejor, más valiente y decidida, más feliz en definitiva, pero, de momento, lo único que espero es saber orientarme en el nuevo mundo que me toque vivir. Con eso me conformo.

Basura

El otro día, hablando con una amiga, recordé un viejo bolero de Los Panchos que hacía siglos que no oía. Así que lo busqué en YouTube y hoy se lo traigo para que disfruten ustedes también de este amargo y bonito bolero.

El hada azul

Estos días me he acordado de Inteligencia Artificial ( Artificial Intelligence: AI), que creo que es una de las películas más angustiosas que he visto. Aunque no tiene demasiada buena prensa, yo sigo llorando con sólo recordar la escena en la que el pobre robot suplica durante toda la eternidad al hada azul que le transforme en un niño de verdad para que así su madre le quiera.Es tan desgarrador, patético, triste, deprimente,desesperanzador, me toca tantas fibras...

¡¡Contamos conmigo!!

Hoy voy a batir una marca personal:más de 100 horas sin salir de casa. Después, lamentablemente, tendré que hacer una pequeña interrupción, para gestiones inaplazables, pero se me darán otras oportunidades de conseguir mi objetivo que es lograr el Récord Mundial de Aislamiento Social Voluntario. Para ello seguirán siendo de inestimable ayuda todos aquellos que con su olvido, descuido y demás acciones u omisiones contribuyen a hacer de mí una atleta de élite del cocooning: a todos, gracias por su apoyo.

Poder y no poder

Soy una persona sin demasiada iniciativa, lo admito. Y no tengo una idea original ni en sueños. Sin embargo es algo que echo en falta a menudo, sobre todo en este momento. Cuando veo, o me imagino simplemente, las preocupaciones, el sufrimiento, los apuros y quizás necesidades que están pasando tanta gente, pero sobre todo la gente que quiero (y perdónenme la limitación, pero si pienso en términos globales ya termino enloqueciendo del todo), me siento tan impotente, tan estúpida...A pesar de que le doy vueltas a la cabeza, maquinando una buena solución, un consejo estupendo o una orientación precisa, pues de ahí no sale nada, porque en realidad soy la primera necesitada de iluminación porque mi propia vida es penosa, así que de momento lo de orientar la de las demás queda descartado. Por la tanto, lo único ligeramente útil que se me ocurre es: sigo aquí, me ofrezco para oír, para los desahogos, para que me lloren o me griten si hace falta. No es mucho, pero a veces decir en voz alta (o por escrito) nuestros agobios sirve de catarsis, para recuperar un poquito las fuerzas y volver a la lucha. Porque, al final, al parecer sólo queda eso, luchar hasta el último aliento. Como decía Paul Simon en The Boxer :

In the clearing stands a boxer
And a fighter by his trade
And he carries the reminders
Of ev'ry glove that layed him down
Or cut him till he cried out
In his anger and his shame
"I am leaving, I am leaving"
But the fighter still remains

Mi reino

Muchos dicen que su patria es su infancia; pues bien, la mía es el Reino de los Sueños. Soy ciudadana de este territorio intangible, al que a veces no reconozco, a menudo no recuerdo y casi nunca comprendo, y allí vivo unas horas al día, feliz a veces, otras en cambio quiero huir de un lugar tan oscuro, lleno de monstruos, fantasmas y demás personajes que encuentran en mi país el lugar donde refugiarse y de vez en cuando dejarse ver en todo su tenebroso resplandor.
Pero en los Sueños es donde puedo ser reina y sierva, princesa y vagabunda, bufón y sabio, maestro y aprendiz. Allí vuelo, bailo, me teletransporto a lugares lejanos, me reencuentro con los que se fueron soltando de mi mano a lo largo del tiempo, construyo y destruyo sin remordimiento mis castillos y casitas, como cuando era niña y jugaba con el Lego. Allí estallan las palabras que oculto con avaricia en mi corazón, los secretos que yo misma ignoro se hacen tan visibles como un rótulo de neón. En algunas ocasiones de allí traigo el mapa de la ruta que debería seguir en mi viaje por el mundo que llamamos Real, pero no puedo fiarme porque no siempre es el mapa correcto. Allí están la gente que amo y otras a las que no conozco, disfrazados la mayor parte del tiempo, porque, en definitiva, mi Reino es un lugar retorcido, extraño, desconcertante, indescifrable y fugaz. Pero es´lo único verdaderamente mío que tengo y tendré jamás.

La bota impar



Una bota en medio de la avenida es una de las imágenes más perturbadoras e intrigantes que se me ocurren. Un zapato perdido en la calle da lugar a numerosas preguntas: ¿cómo ha llegado ahí? ¿quién lo habrá perdido? si lo han dejado a propósito ¿por qué en medio de la calle, no en un contenedor, por ejemplo? y ¿por qué siempre un zapato, no el par?. Pero una bota ya es el colmo, porque las botas son difíciles de sacar,exige un esfuerzo y unas circunstancias adecuadas, con lo cual la pérdida queda descartada y dejarlas voluntariamente supone premeditación y alevosía... una cierta maldad, si me lo permiten.
La bota ahí sola, en medio de un lugar que no es de paso, es el símbolo del abandono, de la derrota, de la soledad. Ya no sirve para nada, porque le sería muy difícil encontrar una persona a la que le fuera útil; ha perdido su función, su trabajo que es el de proteger el pie en su caminar. Y, además, ha perdido a su cumpañera del alma, la otra bota, con la que estuvo siempre desde su creación, compartiendo caja, expositor, armario, cuerpo. Cuando caminaban, caminaban juntas, cuando descansaban, lo hacían juntas, cuando una resplandecía después un reparador cepillado, la otra también. Ahora terminarán su vida, una en la calle, víctima de las patadas de los gamberros que harán que, inevitablemente acabe siendo atropellada y la otra tendrá un destino similar. Pero aunque las dos son piel de vertedero, lo triste es que, pudiendo morir con dignidad y juntas, como estaban destinadas, lo harán completamente solas.

Sleepless in Coruña

No puedo dormir porque hay un elefante golpeando la chapa de un camión. Bueno, por el ruido que hace digo yo que es un elefante, aunque también podría ser la avestruz o el camello o alguno de los ponis enanos. O tal vez la mujer del forzudo lo haya dejado por el maestro de ceremonias, que como todos sabemos es el hijo del dueño, y el pobre hombre esté golpeando las paredes de su caravana para no matarlos a los dos. O los payasos estén borrachos, como acostumbran, y estén decidiendo en su estilo pendenciero habitual quién va a hacer de tonto en el próximo número. Es posible también que el trapecista esté ensayando un triple mortal dentro de su casa y se estampe contra la puerta cada vez. O que el malabarista tenga una mala noche y se le caigan sus trastos siempre. O puede que la troupe se aburra y, cogidos de la manito y completamente callados, se dediquen a dar saltos al unísono. El caso es que el ruido no me deja dormir, y si no duermo me da por pensar, y si pienso se me va completamente la olla, como ustedes mismos pueden comprobar.

La llamada que casi hice

- Policía local, buenas noches
- Ah, hola, buenas noches. Verá, le va a parecer un poco extraño, pero llamo porque, eh... bueno, no puedo dormir por los mugidos de una vaca. En realidad no son mugidos, son más bien bramidos, o cómo se llame.
- ¿Perdón?
- Sí, hay una vaca mugiendo desesperada y no sé..
- ¿En su casa? ¿ En el edificio? Una vaca
- No, claro que no en mi casa, en el campito que hay delante.
- Bien.
- Verá, sé que parece una tomadura de pelo, pero no lo es. El problema no es que yo no duerma, pero estoy preocupada por la vaca.
- La vaca, claro
- Por si le pasa algo, por si está enferma, o algún animal la está atacando, o...
- Ah, hay más animales
- Bueno, de vez en cuando se oye a un perro ladrar y a un burro rebuznar pero...
- ¿Y no oye alguna gallina cacarear o alguna rana croar?¿Algún lobo aúllar?
- (...) Mire, ya sé que cree que estoy loca. Lo pensé mucho lo de llamar, pero la vaca parece que está sufriendo tanto, son unos gritos desgarradores ¿no le ha llamado nadie más diciéndoselo? Porque se tiene que oír en todo el barrio.
- Pues no, fíjese, nadie se puso a llamar a la una y media de la madrugada para quejarse.
- Ya.
- Ya.
- Pero sin embargo, el sonido es espantoso, espere, pongo el teléfono para que usted lo oiga también
(...)
- ¿Lo oye?
- Pues no, lo siento.
- Pues se oye mucho, créame.
- Y en fin, señora, ¿usted qué quiere, al fin y al cabo?
- Ah, pues... no sé, si pudieran mandar una patrulla para comprobar que el animal está bien...
- (...) bueno, verá, esto es lo que voy a hacer: voy a enterarme de si existe una brigada de policías veterinarios o algo así, y mandarla para que averigüe qué le sucede al pobre bicho.
- Oiga, ya sé que le tiene que hacer mucha gracia, pero creo de verdad que le está pasando algo grave y es necesario hacer algo.
- No se preocupe, señora, vamos a desplegar todos los medios disponibles para evitar que la vaca sufra. Usted mientras tanto intente dormir. Le aconsejo que se ponga tapones en los oídos y se tome un calmante. O mejor dos.
- Pero yo...
- Muchas gracias. ¡¡Buenas noches!!

Fotoshock

Hoy he visto una foto vieja y he vuelto a sentir la misma profunda vergüenza que me aplastó en aquel momento. En ella se ve a una pareja de novios y, justo detrás estoy yo, de niña de arras. Dirán que eso no es nada vergonzoso, incluso es posible que alguno de ustedes, en su tierna infancia, haya ejercido con orgullo ese cargo. El problema es que yo tenía unos 11 añitos, y era bastante alta para mis años, y demasiado gorda para cualquier edad. Además, inexplicablemente mi madre había consentido que fuera vestida de semi-sport, y no perfectamente endomingada como correspondería a una ceremonia de ese nivel.
La boda se celebró en el pueblo de mi madre que tenía un párroco peculiar, por decirlo de una manera suave. Los novios ya no eran unos jovencitos así que fueron a lo práctico y se presentaron ellos, los padrinos e invitados, pero al cura no le debió de parecer bastante así que paró la boda y después de mirar a un lado y a otro, se dirigió a los asientos de los fieles. En realidad, se vino directamente a mí. Yo miraba a mi madre sin entender nada y ella, horrorizada por lo que intuía, me hizo un gesto de ánimo, mientras mi hermana optaba por mirar hacia otro lado, como si toda la iglesia no supiera que era de mi propia sangre... Y allí me vi, sola, delante de todo el pueblo, cobardemente abandonada por mi familia, con una bandeja c en mis temblorosas manos. El resto es historia.
El caso es que yo pasé el mal trago pero, después de todo, crecí, maduré y superé ese trauma que, me gusta creer, ayudó a hacerme más fuerte. Pero no dejo de pensar en esa pobre pareja que tuvo que pasarse la vida explicando, cada vez que enseñaba su álbum: Aquí estamos nosotros, aquí nuestros padrinos, y esa gordita rubia del abrigo de cuadros es la niña de arras que nos colocó el cura.

Des-propósitos

Toda una vida de pequeñísimas batallas cotidianas con Los Otros me lleva a declarar lo siguiente: No quiero discutir con nadie. No quiero hacerme comprender. No quiero que reconozcan mis argumentos. No quiero ganar la pelea. No quiero perder la razón.

El día en que me morí

Era un día de finales de septiembre, sorprendentemente caluroso. Habíamos comprado un ordenador para el trabajo y, como la tienda estaba de camino a mi casa, salí antes para ir a buscarlo. Ya estaba casi en la esquina de mi edificio, deseando llegar, sudorosa después de un trayecto de subida de casi 45 minutos cargando con un ordenador llamado portátil pero que pesaba como un condenado. De repente sentí un fortísimo dolor en el pecho, una especie de fogonazo tan intenso que me hizo pensar: así que esto es morirse. Pero no vi el túnel, ni la luz al final, ni demonitos que me esperaban tridentes en ristre, ni, por supuesto, angelotes revoloteando a mi alrededor; sólo gente mirando indignada hacia arriba. Y es que alguien estaba tirando cosas a la calle, y a mí alcanzó un cochecito de metal.
Esta experiencia que a punto estuvo de ser mística y se quedó en ridícula, si bien no dio más sentido a mi vida al menos me aportó el dudoso honor de ser una de las pocas personas a la que le cayó un autobús encima y vive para contarlo. Y tan campante, oiga.

¡Qué grande es ser Alvex! la secuela

Hoy me he levantado, como todas la mañanas, he hecho las labores propias de mi sexo y condición a esas horas y, ya camino del garaje, de repente me paro y me pregunto: ¿llevo los pantalones puestos? Cosas como estas hacen que adore vivir conmigo misma. Por cierto: sí, los llevaba.

Conversación pre-resaca

Día 1 de Enero, a las 4 de la madrugada:

- ¿Sabíais que el nuevo Míster Universo es sommelier? Es curioso como un Míster guapo puede ser sommelier, pero un sommelier feo no puede ser Míster Universo. Un guapo puede ser cualquier cosa, puede ser, por ejemplo, catador de sexos...
- Jajajajaja
- Bueno, quise decir, catador de pollos... Bueno, me habéis entendido ¿no?